Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad” Recibido (Received): 2019/01/05
Vol. 3, Núm. 1, pp. 58-67 Aceptado (Acepted): 2019/04/20
ISSN 2661-6904
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Introducción
La hipertensión arterial constituye una de las principales causas de mortalidad y morbilidad
en el mundo, afectando a mil millones de personas y siendo responsable de 9,4 millones de
muertes al año. El ámbito laboral incide en cómo sobrellevar esta enfermedad. Si se analiza el
paciente desde el punto de vista de su salud laboral y potencial incapacidad, se debe tener en
cuenta el origen de la enfermedad, el tiempo de evolución, el tratamiento utilizado y la
respuesta terapéutica (Dapelo, 2017).
Además de un estilo de vida poco saludable, diversos estudios indican que existe cierta
relación entre el trabajo y la hipertensión arterial, ya que una excesiva carga laboral puede
llevar al aumento de estrés, generando a su vez un incremento en la presión sanguínea. Por otra
parte, el exceso de horas de trabajo, genera un desequilibrio entre la actividad y el descanso
que el cuerpo necesita. Por ello, se considera al trabajo como un factor de riesgo a desarrollar
hipertensión (Gonzalez, 2017).
Del mismo modo, es importante poner de manifiesto, que también existe una relación entre
el estrés con la ocupación laboral. El estrés crónico suele estar asociado a distintas situaciones
vivenciales, entre las cuales se destacan por su importancia la presión laboral, la desadaptación
matrimonial y el bajo nivel socioeconómico. En el momento actual es importante destacar que
en la mayoría de los trabajos no se suele enfrentar a riesgos físicos, por lo que el origen de las
tensiones se debe más a las interacciones con compañeros, superiores o subordinados, o surgen
de la propia tarea a realizar o del papel que se desempeña dentro de la organización (Reyes,
2012).
En este sentido, el país no escapa de esta tendencia ya que las enfermedades cardiacas
representan la primera causa de mortalidad, con un total de 30.548 muertes, lo que representa
21,36% del total de las defunciones (Rojas, Rosales, Guerrero, & Morillo, 2015).
En este mismo ámbito, Venezuela se ha convertido en uno de los países latinoamericanos
con mayor prevalencia de hipertensión arterial, siendo evaluada la prevalencia de esta
condición en algunas regiones del país (Lopez, Hurtado, & Lopez, 2014). En concordancia, se
presenta el estudio realizado por Bermudez, Rojas y Añez (2012), con una muestra conformada
por 2230 individuos adultos en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, reportan una prevalencia
de 32,02% (29,63% en mujeres vs. 34,65% en hombres), correspondiendo este porcentaje a
19,42% de diagnósticos previos de hipertensión arterial y 12,60% de nuevos diagnósticos.
Así mismo, en la revista latinoamericana de hipertensión arterial, se presenta un estudió que
describe la relación de ocupación de los pacientes hipertensos con el control de la presión
arterial, dentro de la caracterización por funciones en las siguientes categorías: 1) oficios del
hogar 96 (56,47%), 2) trabajador especializado 51 (30%), 3) trabajador no especializado 17
(10%) y 4) otros a 6 (3,52%). de ellos: oficios del hogar sin control hipertensivo o insuficiente
60 (62,5%) y controlados 36 (37,5%); trabajador especializado sin control hipertensivo o
insuficiente 30 (58,82%) y controlados 21 (41,17%); trabajadores no especializados 10
(58,82%) con control insuficiente y 7 (41,17%) controlados. otros 3 (50%) no controlados y 3
(50%) controlados. Los resultados: 1) la mayoría de la población hipertensa era femenina. 2)
el grupo etario predominante fue el de mayor de 60 años. 3) la ocupación más representada
fueron las amas de casa. 4) el control de la hipertensión arterial fue insuficiente en todas las
clases de ocupación estudiadas (Arias, Ortega, & López, 2010).
Respecto a la morbilidad de causa cardiovascular en el Estado Falcón desglosada por
municipios, (Registro de Epidemiología Regional, 2000). Reporta que los Municipios Zamora
y Píritu, del total de los 24 que conforman el estado presentaron durante el año 2000 el riesgo
más alto de padecer enfermedades isquémicas representado 423,3 y 333,3 por cada 100.000