Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad” Recibido (Received): 2019/07/15
Vol. 3, Núm. 2, pp. 66-77 Aceptado (Acepted): 2019/08/28
ISSN 2661-6904
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sufren?” Pero hacer o no hacer algo no habla de ellos en abstracto, sino de nosotros mismos:
“Ésos al menos por algún tiempo, serían felices. Sabían, ahora, que hay una cosa que se desea
siempre y se obtiene a veces: la ternura humana” (Camus, 2011, p. 341).
Se dice en la Biblia, en el libro del Génesis: “El séptimo día Dios tuvo terminado su
trabajo, y descansó en ese día de todo lo que había hecho. Bendijo Dios el Séptimo día y lo
hizo santo, porque ese día descansó de sus trabajos después de toda la creación...”. Byung-
Chul Han señala que el séptimo día es santo —sagrado—, que no es el día para hacer, sino
para el no… donde uno hace lo que quiere: se parece a un tiempo de cuidado, de paz (2012).
Es el día del cansancio (distancia y demora) para tener un entretiempo. Ese entretiempo no
será el de Cronos, sino el de Kairós, esto es, tiempo de gozo de la vida plena, de lo adecuado
y oportuno. El séptimo día es sagrado, pero ¿cuál es el séptimo día? Lunes, martes, miércoles,
jueves, viernes, sábado o domingo. ¿Cuál es? El séptimo día es cualquier día, es cualquier
hora, es el breve instante en que Sísifo medita-reflexiona, es el espacio en que uno hace lo
que quiere y tiene espacio para los otros, para nosotros. ¿En qué momento hablamos con
aquellos que queremos? Lo dejamos para el “fin de semana”, pero nunca llega ese día, e
incluso decimos: “¡Me daré un tiempo para mí!”. Sin embargo, ese espacio y tiempo no llega.
Hay un día. ¡No! Es cualquier instante en el tiempo y en el espacio, es un tiempo sagrado de
hablar de mí, de ti, es decir, de nosotros; es el momento adecuado para que nos cuenten lo
sucedido; es el instante de la Alianza, de la semejanza e igualdad, del reconocimiento mutuo:
ese es nuestro séptimo día. Es cualquier instante, como cuando se ve una tarde lluviosa, un
auto estacionado que nos espera, un amanecer, una canción en la combi o el autobús, una
fotografía, o mirar a quien se ama. Todo ello nos puede durar un instante inmenso que permite
descansar de y en lo vivido, y dar regocijo.
El cansancio extremo posibilita replantearse y resignificarse para dialogar con los otros,
buscar espacios en ese mismo agotamiento para meditar, reflexionar y, en la microfísica del
poder, generar cambios en las relaciones interpersonales. Aunque, por supuesto, el otro se
puede presentar como inclasificable e imprevisible: no hay estereotipo, son Atópicos. De ahí
la exigencia de la comprensión del otro. La cotidianidad de la vida marca un flujo de
acontecimientos, mismo que, aparentemente, sigue ininterrumpido; solamente cuando algo
nos afecta surge la inquietud, el desosiego. A esta afección es a la que se debe prestar
particular atención, pues es en y a través de ella que, en la vida de los seres humanos, se
manifiestan existenciales como la afectividad, la angustia, el aburrimiento, el temor y la
libertad; por supuesto, también la felicidad, el amor, entre otros. Hay personas que, por esos
acontecimientos en su vida, son Atópicas; es decir, carecen de lugar de clasificación, es difícil
hablar de ellas, son —digamos— “raras”. Sin embargo, nos develan contradicciones de lo
anormal que nos parecen normales. En términos de Foucault, es un dispositivo. Ejemplifico:
en los estudios de caso sobre el suicidio, una de las sobrevivientes señala que, en una ocasión,
mientras lavaba platos, su mamá le dijo que “quería una cacerola y, por equivocación —ella
expresa—, le di un sartén y me dijo que era una inútil y no servía para nada y varias cosas…
(llora)”. Otra chica me cuenta: “Mi papá me dice: “arréglate porque te voy llevar a ver un
médico,” y yo pues, no me siento mal: “te voy a llevar a un médico para saber si eres señorita,
porque has hecho tantas cosas que ya no confió en ti.” Otra chica destaca: “Que si me da un
abrazo porque me siento mal y me pregunta —se refiere a su mamá— “por qué te sientes
mal”, [dice lo que piensa] me pasó tal cosa en el día, me empezaron a decir fea, negra… los
compañeros de la escuela… Me sentía sola, me sentía… no sabía qué hacer, mucha presión: