Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad” Recibido (Received): 2019/06/02
Vol.3, Núm.2, pp. 1-12 Aceptado (Acepted): 2019/08/12
ISSN 2661-6904
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parenteral, tratar y prevenir las úlceras mediante la ejecución de cambios de posición, y
aplicar técnicas para el tendido de cama, que evite las dobleces o arrugas (Ministerio de
Salud Pública del Ecuador, 2014; Organización Mundial de la Salud, 2018).
En cuanto al manejo del dolor, se debe considerar una valoración integral, mediante el
uso de la Escala Visual Analógica (EVA). Luego, hay que asegurar que el tratamiento
pautado tome en cuenta la escala de analgesia de la OMS y monitorizar la respuesta al
tratamiento. Esto implica, prestar atención a alguna causa que aumente el dolor, tales como
posiciones incomodas, noticias sobre su evolución, falta de sueño, frío, sentimientos de
soledad, culpa, ansiedad, entre otras (Ministerio de Salud Pública del Ecuador, 2014).
Pero el panorama se complica al tratar con pacientes con trastornos mentales. El Manual
de Diagnóstico Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V) y la Clasificación
Internacional de Enfermedades (CIE-10), establecen los criterios sobre las diferentes
patologías que se presentan en los pacientes diagnosticados con TMS, tales como: Trastornos
esquizofrénicos, trastorno esquizotípico de la personalidad, trastornos delirantes
persistentes, trastorno bipolar, episodio depresivo grave con síntomas psicóticos, etc.
(American Psychiatric Association, 2017; World Health Organization, 2016).
Con relación al cuidado del estado emocional y afectivo de estos pacientes, la enfermería
psiquiátrica se define como una especialidad de las Ciencias de la Salud y Antropológicas,
encargada de estudiar, no solo las causas biológicas, sino también las motivaciones
psicológicas, psicodinámicas y los condicionantes socioculturales de la enfermedad mental
en sus múltiples formas y las condiciones para la atención y aplicación de cuidados. En este
sentido, la OMS, a través de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) y la
Asociación Americana de Psicología y de Psiquiatría (APA) enriquecen la visión clínica
tradicional con enfoque biomédico de que la atención al paciente paliativo con enfermedad
mental se enfoca únicamente en la patología del cerebro y del sistema nervioso central
(SNC), sino que también incluye el aporte de la enfermería y la psicología sobre el cuidado
que requieren, en especial en lo referente al manejo del aspecto emocional y del
comportamiento. De esta manera, se incluye que la rehabilitación del paciente sólo es
posible, a través de la reorientación de la Psiquiatría hacia la salud integral con énfasis en el
bienestar emocional y la inclusión activa de la familia en el proceso (Belmont Molina, 2011;
World Health Organization, 2016).
Por consiguiente, existe una especialización dentro de la Enfermería para poder tratar un
paciente psiquiátrico, que permite garantizar de esta manera todos los cuidados que
necesitan, tomando en cuenta al ambiente donde se desarrolla la enfermedad mental, donde
participa e interviene el medio comunitario, familiar y de grupo. Esta práctica se viene
desarrollando desde 1880, y hasta la actualidad se mantiene vigente que las personas con
enfermedades mentales deben recibir de igual manera un cuidado especializado para su
condición, como si se tratara de cualquier otra condición física. (Galvis López, 2015).
En este contexto, los cuidados que requieren los pacientes diagnosticados con
esquizofrenia, por ejemplo, deben considerar la manifestación de ideas delirantes,
alucinaciones, lenguaje desorganizado, comportamiento gravemente disfuncional o
catatonía. Otras manifestaciones que presumiblemente podrían darse en las últimas fases de
la enfermedad serían las disfunciones cognitivas y emocionales que afectan a los campos de
la percepción, el pensamiento inferencial o lógico, el lenguaje, la comunicación, la