Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad” Recibido (Received): 2017/07/11
Vol. 1, Núm. 3, pp. 31-41 Aceptado (Acepted): 2017/11/26
ISSN 2661-6904
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del estudio, se aplicaron los métodos deductivo-inductivo, histórico-lógico y analítico-
sintético.
Resultados y discusión
En el proceso de reflexionar sobre un significado del Desarrollo Humano ante el Capital
Social, es posible afirmar que están íntimamente ligados y consensuados en el proceso de
crecimiento y desarrollo de un país. Por otro lado, también es posible asumir una postura
contraria y considerar incompatibles las denominaciones “desarrollo humano” y “capital
social”, desde el punto de vista del valor de las denominaciones, el desarrollo implica un
fenómeno evolutivo o como proceso de mejoría y el capital como acción acumulativa
(Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2000).
En consecuencia, es necesario adoptar una definición completa, social y contextualizada,
en base a lo cual, es posible conceptualizarlo, como el conjunto de normas, redes y
organizaciones construidas sobre relaciones de confianza y reciprocidad, que contribuyen a
la cohesión, el desarrollo y el bienestar de la sociedad, así como a la capacidad de sus
miembros para actuar y satisfacer sus necesidades de forma coordinada en beneficio mutuo;
fundamentado en los aportes de los doctrinarios Coleman, Putnam y Bourdieu.
Este potencial de desarrollo colectivo se alimenta de la relación. A su vez, esta red, exige
la existencia de un entorno confiable, institucional o gubernamentalmente estable, que
garantice la reciprocidad.
Es posible que un elemento de participación se dé en mayor proporción a otros, pero la
estabilidad de un ambiente favorecedor, está visto que es exponencialmente positivo. El
capital en este ámbito se produce y reproduce con facilidad, lo cual genera beneficios o
bienestar colectivo espontáneamente, tanto en el proceso como en resultados (Dubois
Migoya, 2014).
Es entonces, cuando se plantan los beneficios de este capital social y se ejemplifica en la
parábola de Hume como perdida de provechos, de ganancias, de ahorro de esfuerzos, y en
comunidades (Calvente, 2017), es decir, se manifiesta como una forma de protección, de
acceso a bienes, a un estado de salud, a la multiplicación de ganancias con menores esfuerzos
y a un bienestar social, económico, sanitario, educativo, entre muchos otros (Haz, 2015).
El contar con una sociedad cohesionada, que identifica los efectos de sus esfuerzos a nivel
colectivo, es una sociedad consciente de la sustentabilidad de sus proyectos en el tiempo, no
es la suma de capitales, ni menos la acumulación de beneficios (Tirado Serrano, 2001).
No obstante, la cohesión social un elemento indispensable para el desarrollo próspero y
sostenible en el tiempo, pues está constituido por las personas, en donde existirá un beneficio
individual pero el interés social es el que los mantiene vinculados, fortaleciendo valores que
le dan una permanencia en el tiempo, pues pasan a ser tradición.
En este sentido, Duston, citado por Iranzo (2006), identifica tres grandes beneficios del
capital social, como lo son: reducción de costos de transacción, producción de bienes
públicos y el facilitar la constitución de organizaciones de base, dejando claro que las
relaciones sociales producen y reproducen el capital social y este por sí mismo, produce
beneficios que consolidan esos lazos y vínculos con formalidad.