Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad” Recibido (Received): 2017/05/03
Vol.1, Núm.2, pp. 26-43 Aceptado (Acepted): 2017/07/19
ISSN 2661-6904
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Planteamiento del Problema
No obstante las bondades del uso de los agentes biológicos para el control de plagas
agrícolas, la producción de estos en América Latina y El Caribe, desde el punto de vista
agronómico, requiere enfrentar desafíos, limitantes y debilidades, tales como: desarrollar
productos de calidad que estén disponibles en el mercado; aportar metodologías para la
producción de biocontroladores a gran escala y su transferencia al sector privado; ofrecer
formulaciones que promuevan la facilidad de uso y conservación de los productos
biológicos; aportar metodologías para la evaluación de la calidad de los productos; así
como métodos para la integración de los agentes de control biológico en los sistemas
productivos y el desarrollo de normativas para el registro y comercialización de los
mismos, entre otros (Bettiol et al., 2014).
En ese orden de ideas, se encuentran países como: Argentina, Brasil, Chile, Colombia,
Costa Rica, Cuba, Ecuador, Honduras, México y Uruguay, entre otros; donde con mayor
o menor avance tecnológico se producen agentes de control biológico, coincidiendo, en
casi todos los casos, con lo referido por Bettiol et al. (2014), respecto a la necesidad de
afrontar el reto que conlleva producir biocontroladores a escala industrial con criterio de
sostenibilidad.
Con relación a Venezuela, el control biológico de plagas y enfermedades de cultivos
ha seguido el mismo camino que la mayoría de los países latinoamericanos y es hoy
cuando se presenta como columna vertebral en la mayoría de los programas de Manejo
Integrado de Plagas y Enfermedades, con las nuevas políticas de recuperación ambiental
y desarrollo sustentable de la agricultura; siendo a partir del 2013 cuando se incrementó
el uso de insumos biológicos como alternativas ya comprobadas en el manejo de plagas
y enfermedades de los cultivos, gracias a los aportes científicos y técnicos de
investigadores y líderes en el área. Como ejemplo de ello existen en el país 29 laboratorios
oficiales, adscritos al Instituto Nacional de Salud Agrícola Integral (INSAI), además de
algunas empresas privadas; todos dedicados a la producción de biocontroladores y otros
bioinsumos. (Zambrano et al., 2014).
Sin embargo, aunque producen los mismos biológicos, tienen grandes diferencias en
cuanto a la forma de trabajar y llegar hasta el productor, lo cual se explica por la carencia
de protocolos y parámetros oficiales estandarizados en los cuales apoyarse para llevar a
cabo los planes de control de: producción, calidad, comercialización, almacenamiento,
conservación y aplicación en campo, existiendo mucha heterogeneidad en los parámetros
y técnicas usadas en toda la cadena de procesos para la obtención y uso exitoso de estos
productos (Zambrano et al., 2014)
Por otra parte, el país carece de una legislación específica que regule el proceso de
producción de los agentes biológicos en toda la cadena. Existe un protocolo para el
registro de productos biocontroladores emitido por el (INSAI, 2016) que deben seguir las
entidades que desarrollan este tipo de innovaciones, pero amerita de una inversión de
tiempo y dinero considerable, lo que dificulta su ejecución; situación que se mantiene por
la carencia de mecanismos de control y seguimiento para velar por el respeto de las
disposiciones legales relativas a este aspecto (Zambrano et al., 2014).
La situación descrita, además de ser una limitante, promueve la distribución a nivel
nacional de productos elaborados artesanalmente que carecen de la certificación científica
necesaria y se agudiza con el hecho de que la mayoría de los productos biológicos
producidos y comercializados en el país no cuentan con el registro correspondiente
(Zambrano et al., 2014).
Al respecto, Guedez, Castillo, Cañizales y Olivar (2009) y Montes De Oca et al. (2010)
señalan que para que la producción de biocontroladores represente efectivamente un