Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad Recibido (Received): 2022/08/01
Vol. 6, Núm. 2, pp.69-84 Aceptado (Acepted): 2022/08/22
ISSN 2661-6904
70
Introducción
La pandemia de Covid-19, la cual comenzó a inicios del 2020, ha sido de gran impacto en
la vida del ser humano. Después de dos años de haber vivido una experiencia que afectó
varios ámbitos de la vida cotidiana de la ciudadanía. En la actualidad, ya se están retomando
gradualmente las actividades presenciales. Al hacer mención a la virtualidad, es importante
reconocer que cada persona tuvo que reestructurar su vida y la forma en la cual interactuaba
con los demás. Para ello, se requirió del uso de la tecnología. Particularmente, el ámbito
educativo se vio altamente afectado, debido a que la emergencia produjo el cierre masivo de
las instituciones en más de 190 países, con el fin de evitar la propagación del virus y mitigar
su impacto (Cepal-Unesco, 2020). No obstante, no hubo una paralización total de las
actividades docentes, sino que, a través del uso de las herramientas tecnológicas, se pudo dar
continuidad a muchas actividades en los diferentes ámbitos a través del teletrabajo y, de
manera particular, a la teleeducación (Enríquez, 2021).
Tal circunstancia, representó un desafío para las instituciones educativas, debido a que la
virtualidad sustituyó drásticamente los escenarios presenciales de aprendizaje, lo que generó
cambios en el proceso educativo y en la comunicación entre docentes y estudiantes, logrando
insertar a ambos en relación continua y directa con dispositivos digitales. Si bien la
virtualidad facilitó el inicio de las clases no presenciales, la pandemia obligó tanto a los
profesores como a los estudiantes a adaptarse a una educación totalmente virtual y, con ello,
al empleo de nuevas estrategias para la enseñanza-aprendizaje en nuevos escenarios (Aguilar,
2020).
La pandemia dejó su huella en el área de la educación virtual, desarrolló innovaciones
educativas, incorporando no solo elementos tecnológicos al proceso, sino también permitió
desarrollar habilidades en todos los sujetos involucrados con el aprender, desaprender y
reaprender, apostando a la confianza en un clima incierto que acercó a la sociedad a nivel
mundial a la realidad tecnológica (Mendoza, 2020). En este contexto, jugó un papel resaltante
la capacidad de las personas a adaptarse a este cambio intempestivo, pues docentes y
estudiantes se vieron obligados a habilitar espacios, tener acceso a equipos y servicios
tecnológicos, modificar su horario y adicionar situaciones extraordinarias poniendo en riesgo
su salud mental.
Las alteraciones psicológicas para Myers (2006), tienen que ver con la “Disfunción
perjudicial por la cual una conducta es juzgada como atípica, perturbada, inadaptada e
injustificable”. Por ello, las alteraciones o trastornos psicológicos causan un malestar en las
personas, afectando su nivel de consciencia sobre lo qué está pasando y qué no; esto depende
del tipo de alteraciones a las cuales se enfrente, de su entorno y cultura. Entre las alteraciones
psicológicas más comunes que se han presentado en la comunidad educativa se encuentran
la ansiedad y la depresión, siendo las más registradas en los centros de atención de salud, la
población, en general, y con mayor presencia en los estudiantes de un nivel universitario o
superior (Agudelo, Casadiegos y Sánchez,2008). Un estudio realizado en estudiantes del
Ecuador presenta que “una disfunción social y la somatización fueron los indicadores de
salud general con mayor presencia entre los estudiantes universitarios; seguido por los
síntomas de ansiedad e insomnio y, en menor medida, por los de depresión” (Moreta, 2020).
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, conocido por sus
siglas en inglés DSMV, de la American Psychological Association, (2014), indica que la
ansiedad es la preocupación y el miedo intenso, excesivo y continuo ante situaciones