Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad Recibido (Received): 2022/06/16
Vol. 6, Núm. 2, pp. 96-106 Aceptado (Acepted): 2022/08/19
ISSN 2661-6904
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presentarse motivada por cualquier enfermedad o accidente. Esta aclaración es pertinente
para no caer en el error de considerarla exclusivamente de los adultos mayores.
Por otra parte, Delgado (2018) refiere que, en los adultos mayores existen dos tipos
de dependencia la física y la psíquica. La física guarda relación con la incapacidad,
parcial o total de los movimientos y del esfuerzo físico. La psíquica, está referida a la
pérdida parcial o total de la autonomía mental, es decir, la lucidez en cuanto a lo que
sucede y a la memoria a corto plazo.
Con relación a los niveles de dependencia, la misma autora refiere que, desde el punto
vista físico existen tres: leve, grave y severa. La leve se expresa cuando la persona adulta
requiere alguna ayuda para realizar determinadas actividades, como por ejemplo pararse
de la silla, subir las escaleras, entre otras; la grave está vinculada a una ayuda mucho más
frecuente y acentuada a los fines de la realización de actividades cotidianas como pueden
ser ir al baño, atender llamadas telefónicas, subir escaleras, vestirse o desvestirse; en
cambio, la severa está relacionada a un cuidado permanente a los efectos de hacer valer
a la persona en todas sus actividades diarias, como por ejemplo comer, vestirse, asearse,
entre otros requerimientos (Delgado, 2018).
Por otro lado, la dependencia psíquica tiene tres niveles: la leve cuando se manifiestan
lagunas mentales; la grave con manifestaciones de demencia más frecuentes, como la
reducción en el lenguaje, el adulto apenas balbucea, presentación de desorientación,
confusión, depresión, alegría inusitada y agresividad, características estas que pueden
generarse y así mismo desaparecer. Por último, la severa cuando ocurre la pérdida de la
autonomía psíquica, solo expresa escasos momentos de lucidez, desorientación total y no
hay comunicación coherente (Delgado, 2018).
En el contexto ecuatoriano, Forttes (Op. Cit.) afirma que: “la expectativa de vida al
nacer ha aumentado en un 63, 4% desde el año 2020, donde las personas pueden vivir
hasta los 83 años o más” (p.9). Esto pudiera generar un aumento significativo de adultos
mayores que requieren cuidados al ver prolongada su existencia. En efecto, el indicador
de dependencia de cuidados para adultos mayores de Ecuador, como lo señala Aranco et
al. (2018), era de 2,5 para el 2015, ratio que aumentará para el 2050 hasta 7, 2.
Asimismo, se tiene, de acuerdo al Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES
2018), que el mayor volumen de adultos mayores está concentrado en las provincias de
Guayas y Pichincha con 289.866 y 230.522, respectivamente, lo que representa en
términos relativos un 6, 8 % y un 7, 4 % de las poblaciones totales de esas provincias. Se
resalta que, en el Ecuador, la población de adultos mayores no hace uso de los servicios
para la residencia hacia el cuidado del adulto mayor que brinda el Estado a este tipo de
población (p.16).
Al respecto, Salazar et al. (2019), sostienen que el cuidar a personas mayores, y más
cuando no tienen autonomía de movimiento, requiere por parte del cuidador una atención
esmerada y muy sacrificada puesto que la misma genera estrés, sobrecarga, alteraciones
emocionales y desequilibrio en su vida personal y con el resto de los miembros de la
familia.
Asimismo, la Universidad San Francisco de Quito (2022), muestra que el proceso de
cuidar a un adulto mayor generalmente se prolonga en el tiempo, lo que pudiera dar lugar
a una situación de dependencia entre el cuidador y la persona adulta mayor. Tal situación
pudiera impactar en la salud del cuidador generando en él estrés, aislamiento social e
incluso sentimientos de culpa. A esto se une el hecho de que no cuente con una
información acerca de cómo cuidar a los adultos mayores con grado de dependencia.
En este sentido, García (2021), explica que, es importante que el cuidador disponga
de un tiempo suficiente para desconectarse de la situación que involucra cuidar un adulto