
Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad” Recibido (Received): 2020/10/23
Vol. 4, Núm. 3, pp. 96-117 Aceptado (Acepted): 2020/12/27
ISSN 2661-6904
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En este punto, el fútbol sería un deporte que se practica en espacio estandarizado y
espacio común. Ahora bien, si se tiene en cuenta la participación de los jugadores en el
juego, según Hernández-Moreno (1994) puede ser:
- Alternativa: Los jugadores participan alternativamente en el juego.
- Simultánea: Los jugadores participan simultáneamente en el juego.
Considerando los criterios anteriores, el fútbol, estaría dentro del grupo de deportes de
cooperación/oposición, lo que concuerda con los aportes de Parlebas (1981), ya que la
acción de juego es resultante de las interacciones entre los participantes, de manera que un
equipo coopera entre sí para oponerse a otro que actúa también en cooperación y que, a su
vez, se opone al anterior. Además, se desarrolla en espacio estandarizado, siendo este
utilizado simultáneamente por los dos equipos, lo que apunta a emplear la simulación y
modulación como métodos de aprendizaje, para favorecer la comprensión de los modos de
utilización de los recursos técnicos. Similar estrategia es posible emplearla en el desarrollo
de las capacidades con orientación especial, donde el desarrollo de la rapidez de reacción
en edades temprana es convenientemente potenciado por el entrenador, con la intención de
educar los tipos de respuestas a las exigencias y demanda energéticas del atleta dentro del
partido (Rivas-Borbón y Sánchez-Alvarado, 2013).
Desde esta perspectiva, las sesiones de entrenamiento en etapas formativas, como
resultado de la evolución del deporte y las exigencias para la competición, han reducido la
utilización de la enseñanza aislada y descontextualizada. En este punto se han logrado
introducir nuevos modelos de enseñanza con acento contemporáneo, donde predomina el
enfoque situacional para llegar a dominar un fundamento técnico. Esta metodología ha
rebasado el modelo técnico tradicional poco analítico y aislado en el fútbol, donde la
adquisición y estabilización de la técnica y los modos de utilización de estos recursos, para
crear y solucionar situaciones, se han alineado al modelo técnico-táctico comprensivo
(Bettega, Scaglia, Nascimento, Ibáñez y Galatti, 2017).
En relación al tema, se considera que no es pertinente complejizar el enfoque
situacional del juego para los practicantes, por el contrario, se debe potenciar la base simple
de sus aplicaciones técnicas en la toma de decisiones: juegos en espacio reducido, atractivo,
pocas reglas, para su buen desarrollo activo, desarrollo analítico de las situaciones,
buscando siempre la superación del alumno, sin olvidar que la diversión y el disfrute deben
ser la base del fútbol para el niño (Martin, Nicolaus, Ostrowski y Rost, 2004; Solano,
2017).
Al respecto, diferentes autores encuadran la intervención didáctica en la enseñanza
deportiva, dentro del enfoque de tres modelos: un modelo tradicional o basado en la
técnica, un modelo comprensivo o basado en la táctica, y un tercer modelo basado en la
teoría constructivista (relación entre lo que el individuo sabe y lo que va a aprender)
(Thorpe y Bunker, 1982; Devís y Sánchez, 1996; Castro-López y López-Presedo, 2004;
González, García, Pastor y Contreras, 2011; González, García y Gutiérrez, 2014; Del Valle,
Rubio-Palomino y Nevado-Luna, 2020).
El modelo técnico o tradicional de la enseñanza deportiva, busca el rendimiento del
deportista bajo una perspectiva racionalizadora, separa la parte práctica de la teórica, el
alumno se aprecia como un ente pasivo del proceso, aprende por instrucción directa, no
aporta nada al mismo ya que predominan procedimientos descontextualizados, directivos y
pocos inclusivos e interactivos, donde se abusa de la repetición como método para la
fijación del nuevo conocimiento. Por tanto, no se consideran las experiencias previas del