Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad” Recibido (Received): 2020/05/25
Vol. 4, Núm. 2 pp. 15-24 Aceptado (Acepted): 2020/07/20
ISSN 2661-6904
17
la producción o función de la insulina, producto de una reacción química anormal que
resulta en la autodestrucción de las Células Beta del páncreas o la renuencia del
organismo a la acción de la insulina (Alonso, et al., 2015).
La diabetes se clasifica en diabetes tipo 1, o anteriormente conocida como diabetes
juvenil, en la cual existe ausencia total de la insulina. Esta tiene una prevalencia de tan
solo el 5% de la población. La diabetes tipo 2 es el tipo más común. En ella la cantidad
de insulina no es la suficiente o pasa desapercibida por el cuerpo para regular el nivel de
glucosa en el organismo y este pueda transformarla en la energía necesaria para sus
funciones. Por último, está la diabetes gestacional presente durante el embarazo. En este
tipo de diabetes una de las causas es la producción de hormonas que la placenta produce
para el desarrollo normal del bebé, las mismas que causan una resistencia a la insulina en
la madre, presentándose complicaciones durante la gestación o el parto e, incluso, un
desarrollo tardío de DM2 en la gestante o el bebé, si no es correctamente controlada
(American Diabetes Association [ADA], 2020).
La National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases (NIDDK, 2016)
manifiesta a la poliuria, polidipsia, polifagia, fatiga, hormigueo en extremidades y pérdida
de peso, como los síntomas más comunes de esta enfermedad, aunque evidencia que la
presencia de los síntomas pueden variar según el tipo de diabetes que se presente. En la
DM1 los síntomas comunes se presentan inmediatamente, al contrario de la DM2 que
suelen ser visibles a partir de complicaciones como visión borrosa o problemas de
corazón.
Existen diferentes factores que favorecen la aparición de la diabetes, entre los cuales
podemos destacar al factor genético, ya sea por alteración del sistema inmunitario o por
herencia entre familiares de primer y segundo grado de consanguinidad. Otros factores
son los ambientales, como la vulnerabilidad a ciertos virus (coxsackie, rubeola,
enterovirus, entre otros), sobrepeso, obesidad, nutrición, actividad física (inactividad),
raza, edad; y con menos incidencia está el factor de la ubicación geográfica (Powers,
2016).
La Asociación Diabetes Madrid (s/f), clasifica en dos tipos las complicaciones que se
pueden producir por su mal control: las agudas o las más comunes que subclasifican en
la hipoglucemia, glucemia menor a 70mg/dl como resultado del tratamiento
farmacológico, la hiperglucemia o altos niveles de azúcar pre y postprandiales (>110 y
>180 mg/dl), el coma hiperosmolar con niveles excesivos de azúcar y deshidratación
severa y la cetoacidosis. Las complicaciones crónicas son problemas de salud severos
desencadenando discapacidad e incluso la muerte. Entre ellas se encuentran las
enfermedades cardiovasculares, la nefropatía o daño a los vasos sanguíneos del riñón,
neuropatía o daño a los nervios del cuerpo más comúnmente periféricos, la retinopatía o
daños a vasos sanguíneos del ojo y el problema más común, el pie diabético con
ulceraciones o amputación del mismo.
El tratamiento farmacológico es el principal recurso que se utiliza para esta
enfermedad que, si bien no tiene cura, sí es posible su control, el cual se realiza,
principalmente, por la terapia de sustitución con insulina en sus diferentes presentaciones
e hipoglucemiantes orales e inyectables. Además de un cambio en el estilo de vida del
paciente con la alimentación, ejercicio, educación y control; antes o en conjunto con el
tratamiento farmacológico (Roca, Esmatjes, Vinagre, Jansá, y Vidal, 2018).
Un estudio publicado por Orozco et al. (2016), establece en su investigación basada
en opiniones de médicos diabetólogos, que la falta de adherencia al tratamiento y la
disposición de los recursos necesarios por parte de los pacientes, los cuales conforman la