Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad” Recibido (Received): 2019/05/29
Vol.3, Núm.3, pp. 12-21 Aceptado (Acepted): 2019/12/25
ISSN 2661-6904
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Introducción
Los riesgos psicosociales se encuentran entre los problemas que más dificultades generan en el
ámbito de la seguridad y la salud en el trabajo, debido a las consecuencias que provocan, tanto a los
trabajadores como a las organizaciones. Dichos riesgos, son situaciones o estados del organismo con
alta probabilidad de dañar la salud de los trabajadores de forma importante (Moren B., 2011).
El concepto teórico de factores psicosociales fue definido en 1984 por el comité mixto de la
Organización Internacional del Trabajo (OIT)/ Organización Mundial de la Salud (OMS), como
“aquellas condiciones presentes en una situación de trabajo, relacionadas con la organización, el
contenido y la realización del trabajo, susceptibles de afectar tanto al bienestar y la salud (física,
psíquica o social) de los trabajadores, como al desarrollo del trabajo.” Esta definición ha sufrido
diversas revisiones, manteniéndose el concepto de interacción entre trabajo y persona (Notas
Técnicas de Prevención: 926, 2012).
En tal sentido, una prioridad en cualquier organización debe ser la prevención y la promoción de
la salud de sus trabajadores, por lo cual, las instituciones de salud pública deberían incluir dentro de
sus políticas, estrategias y acciones que permitan realizar el análisis de los riesgos a los que se
encuentran expuestos los trabajadores, velando por su bienestar bio-psico social (Huerta, Leyton y
Saldia, 2009). De lo contrario, las afecciones a la salud pueden trascender, impactando en la calidad
de vida de las personas, en su ámbito familiar, social y laboral (Parra M., 2004).
Para las organizaciones, los efectos negativos de los riesgos psicosociales se reflejan en un
rendimiento inadecuado, una disminución de su productividad, un aumento del ausentismo, un
incremento en los índices de accidentalidad, lesividad y/o aparición de enfermedades ocupacionales,
lo que genera un significativo aumento de los costos directos e indirectos.
La calidad de vida en el trabajo y la productividad se correlacionan positivamente, en
concordancia, se ha vinculado al estrés con el deterioro de la salud; esta relación con el tiempo
genera ausentismo laboral (Instituto Sindical de Ambiente, Trabajo y Salud (ISTAS), 2010). Por lo
cual, contar con un método para identificar los riesgos psicosociales, permite a las organizaciones
establecer procesos de gestión y estrategias para mejorar las condiciones de salud y la calidad de
vida de sus trabajadores (Benavides, Benach, Castejón, Mira y Serra, 2001).
Según datos estadísticos de la 6ª Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo (2015), realizada
en España, en el último año el 47% de los trabajadores han experimentado un incremento de las
horas de trabajo, en las tareas a desarrollar y en las responsabilidades laborales, concomitantemente
con una reducción del salario. Además, 22% considera posible perder su trabajo en los siguientes
seis meses y el 35% debe cumplir plazos muy ajustados; sin embargo, no afecta a todos por igual,
destacando con mayores quejas el sector Salud (Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el
Trabajo (INSHT), 2017).
En Centroamérica, el Informe ejecutivo de la I Encuesta Centroamericana de Condiciones de
Trabajo y Salud realizada en el 2011, reporta que un 12 a 16% de los encuestados se sienten bajo
tensión durante la jornada de trabajo y del 9 al 13% han sentido tristeza o depresión (Organización
Iberoamericana de Seguridad Social (OISS) e INSHT, 2012).
Cabe mencionar, que cada país tiene sus propios referentes en seguridad y salud ocupacional,
atendiendo a lo que consideren más relevante. En América Latina, países como Chile, Colombia,
Perú, y Ecuador, han normado los procedimientos preventivos y correctivos, convirtiendo de esta
manera a la Seguridad y Salud en el Trabajo en un asunto de mayor trascendencia (Isotools, 2016).